El poder económico de las mujeres
Por: Valeria Noriega
María vive en una comunidad de Cajamarca, una de las regiones con mayores niveles de pobreza del país. Desde pequeña ha vivido en condiciones de pobreza extrema, sin acceso adecuado a agua potable, electricidad ni servicios de salud. A pesar de estas dificultades, logró terminar la secundaria con mucho esfuerzo y hoy sueña con abrir un pequeño negocio de confección textil, inspirado en los tejidos ancestrales de su región. Sin embargo, enfrenta importantes barreras: carece de capital, capacitación técnica y acompañamiento para hacer realidad su proyecto.
La historia de María representa la realidad de miles de mujeres en el Perú que viven en condiciones de pobreza y exclusión que limitan su desarrollo personal y profesional. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en 2023 la selva registró la mayor proporción de mujeres sin ingresos propios (32,8 %), seguida de la sierra (30,6 %) y la costa (26,9 %). Estas cifras evidencian las profundas desigualdades de género que persisten en el acceso a la educación, el empleo digno y las oportunidades de desarrollo económico.
Muchas mujeres se desempeñan en ocupaciones informales, precarias y mal remuneradas, como el trabajo doméstico y la agricultura, generalmente sin acceso a seguridad social ni condiciones laborales adecuadas.
Esta situación limita su autonomía económica y contribuye a perpetuar el ciclo de pobreza. Por ello, promover el empoderamiento económico de las mujeres no solo constituye una cuestión de justicia social y de derechos, sino también una estrategia fundamental para construir una economía más inclusiva, justa y sostenible.
En este contexto, se proponen tres medidas clave. Primero, es urgente fortalecer las políticas públicas que faciliten el acceso de las mujeres a financiamiento, capacitación técnica, propiedad de activos y redes de apoyo. Segundo, es necesario promover programas de formación y acompañamiento que les permitan desarrollar habilidades empresariales, acceder a nuevos mercados y convertir sus iniciativas productivas en negocios sostenibles. Tercero, resulta fundamental articular los esfuerzos del Estado, el sector privado y la sociedad civil para generar un ecosistema que favorezca la autonomía económica y la participación de las mujeres en la actividad productiva.
Cuando una mujer como María accede a un microcrédito, recibe capacitación o encuentra un espacio seguro para emprender, no solo mejora sus propias condiciones de vida, sino que también puede generar oportunidades y bienestar para su familia y su comunidad.
Según ONU Mujeres, el empoderamiento económico de las mujeres puede contribuir a aumentar el PIB de un país hasta en un 26 %. Asimismo, diversos estudios señalan que las mujeres destinan una proporción significativa de sus ingresos al bienestar de sus familias, especialmente a la educación, la salud y la nutrición, generando un importante efecto multiplicador en sus comunidades.
Promover el empoderamiento económico de las mujeres en el Perú no es solo una cuestión de justicia social, sino también una inversión estratégica en el desarrollo del país. Para lograrlo, el Estado, las empresas privadas y la sociedad civil deben articular esfuerzos y crear oportunidades reales de financiamiento, capacitación, empleo y emprendimiento. De esta manera, historias como la de María dejarán de ser excepciones y se convertirán en ejemplos de cómo la autonomía económica de las mujeres puede transformar sus vidas, fortalecer sus comunidades y contribuir al desarrollo sostenible del Perú.
¿Te gustó esta noticia?
Compártela con tus amigos y ayuda a difundirla.

